Sonrisa instantánea, que hace juego con un par de ojos perfectamente maquillados. Jaqui R (Rei de ahora en más) me abrió la puerta de su alma cuando me abrió la puerta de su casa.
Rei no toma mate ni mira Tinelli, no come empanadas ni disfruta del asadito del Domingo. Todas las banderas argentinas de su casa han sido ya reemplazadas por banderas de Japón (traídas desde allá, lo que les da un valor agregado), es vegetariana “por gusto, porque nadie de mi familia lo es y siempre hay peleas por eso” y debió configurar su Blackberry para que acepte caracteres unicode, porque toda la música que escucha está escrita en alfabeto oriental. También lo está la mitad de su biografía.
Desde los 13, ella hace de su vida un culto a la filosofía kawaii. Kawaii en japonés significa ‘lindo o tierno’ y, quienes quieran identificarse con sus máximos exponentes, también deben serlo. La imagen igual de perfecta que de plástica que Rei proyecta es resultado de horas y horas frente a un espejo que, por desgracia, cada amanecer devuelve rasgos más latinos que la cumbia. “Ser kawaii es ser igual a ellas en el comportamiento dulce e inocente, pero también en la apariencia. Te digo, es más fácil cambiar lo de adentro que lo de afuera. Yo para estar así vivo a dieta, me olvidé lo que es un pancho”. El discurso de Rei suena tan melodioso como su impuesta voz femenina y aniñada, que sólo se interrumpe cuando el celular suena: “Apurate Chibi, que en 40 empieza Black Chocolate Kiss!” me decía Harold del otro lado.
No hice caso al reloj y me dediqué a contemplar el “ambiente” de Rei. Retocó su maquillaje frente al espejo y empezó a plancharse el pelo. Mientras tanto, yo iba mirando con asombro de turista la amplísima colección de dvd’s que llenaban su biblioteca. A la derecha, un escritorio rosa Barbie. Un portalápiz casi cubierto por stickers contenía varias microfibras de color, las mismas de mi infancia. El tacho de basura era un panda con la boca abierta. Arriba de la alfombra de peluche, un par de pantuflas de Hello Kitty.
- - “¿Nunca viste tanto glam junto, eh?” Me preguntó entre risas.
Se estaba sintiendo observada, y efectivamente esa era mi tarea allí: ver cómo vive una otaku, sin la más mínima intención de hacerlos parecer fauna. El problema es que no puedo disimular cuando algo me llama mucho la atención. Días atrás, yo había agregado a Rei a mi Facebook para ver ‘con qué me iba a encontrar’, y juro que nada que ver con lo que de verdad me encontré: su perfil en la red social mostraba a una joven de 23 años que dedica sus horas a estudiar, viajar y salir a cenar muy a menudo con amigos que en nada se asemejan al típico otaku (si es que hay uno).
- - Rei, ¿alguien más va a ir con nosotras? Digo, alguno de tus amigos… ¿O nos encontramos todos allá?
- - No, están todas allá ya. Cada una va sola, no nos conocíamos antes de las convenciones. ¡Ojalá mis amigas de todos los días fueran kawaii! Pero cada vez que les digo algo o les intento mostrar alguna foto de mis cosplays, se me ríen y me dicen que estoy loca. Pero tenés que saber esto: si sos otaku te va a pasar.
Por supuesto que me veía venir una respuesta de esas. El sostener dos vidas paralelas es parte de los sacrificios que estos jóvenes hacen en pos de el mantenimiento de su sana… ¿integridad?
- - Jajaja no, no se me confunden los papeles, pero sí a veces me pasa que tengo que filtrar todo lo que quiero compartir. Me pasa en Facebook y me pasa cuando estoy con ellas. No hay amigas de la Facu que conozcan mi pieza, y es obvio que si salgo a Rock&Feller’s no voy a ir con las kawaii. Yo trato de sacar lo mejor de cada lado, pero a veces me gustaría poder hablar libremente de todos los temas con cada una. Se supone que son mis amigas, que me quieren como soy. Aunque sepan que quien soy ahora está dividida en dos, Jaqui y Rei.
Supuse que debía ser difícil mantener esa armonía aparente, pero no comenté nada. La RA Fest nos esperaba, tal vez tan monstruosa como yo la imaginaba, tal vez no. Y hacia allá nos dirigimos. Ella de rosa y blanco, con orejas de Teddy bear en la capucha. Yo de negro y violeta, con el águila americana en mi remera. Nuestros estilos chocaban, pero tal vez nuestras mentes no estuvieran tan lejos. A eso aún faltaba descubrirlo.
- - Me siento re mal Rei, vos toda wow y yo parezco punkita. La pifié de estilo me parece…
- - Jaja, ya no le veo lo ‘wow’ yo a todas estas cosas. Te levantás y hacés lo mismo todos los días, entonces ya pasa a ser común. Muchos dicen ‘infantil, femenino, fantástico’ para hablar de este estilo, pero yo no le veo nada de aniñado a la cultura kawaii en general. Me gusta el color rosa ¿y qué? ¿Quién dijo que es de nena? ¿Hay alguien que diga qué color va con cada edad? Vos por ir de negro no sos punk, ni dark… Ni una viuda, Sil”.











