lunes, 23 de julio de 2012

Mediodía

Sonrisa instantánea, que hace juego con un par de ojos perfectamente maquillados. Jaqui R (Rei de ahora en más) me abrió la puerta de su alma cuando me abrió la puerta de su casa.
Rei no toma mate ni mira Tinelli, no come empanadas ni disfruta del asadito del Domingo. Todas las banderas argentinas de su casa han sido ya reemplazadas por banderas de Japón (traídas desde allá, lo que les da un valor agregado), es vegetariana “por gusto, porque nadie de mi familia lo es y siempre hay peleas por eso” y debió configurar su Blackberry para que acepte caracteres unicode, porque toda la música que escucha está escrita en alfabeto oriental. También lo está la mitad de su biografía. 

 Desde los 13, ella hace de su vida un culto a la filosofía kawaii. Kawaii en japonés significa ‘lindo o tierno’ y, quienes quieran identificarse con sus máximos exponentes, también deben serlo. La imagen igual de perfecta que de plástica que Rei proyecta es resultado de horas y horas frente a un espejo que, por desgracia, cada amanecer devuelve rasgos más latinos que la cumbia. “Ser kawaii es ser igual a ellas en el comportamiento dulce e inocente, pero también en la apariencia. Te digo, es más fácil cambiar lo de adentro que lo de afuera. Yo para estar así vivo a dieta, me olvidé lo que es un pancho”. El discurso de Rei suena tan melodioso como su impuesta voz femenina y aniñada, que sólo se interrumpe cuando el celular suena: “Apurate Chibi, que en 40 empieza Black Chocolate Kiss!” me decía Harold del otro lado.

No hice caso al reloj y me dediqué a contemplar el “ambiente” de Rei. Retocó su maquillaje frente al espejo y empezó a plancharse el pelo. Mientras tanto, yo iba mirando con asombro de turista la amplísima colección de dvd’s que llenaban su biblioteca. A la derecha, un escritorio rosa Barbie. Un portalápiz casi cubierto por stickers contenía varias microfibras de color, las mismas de mi infancia. El tacho de basura era un panda con la boca abierta. Arriba de la alfombra de peluche, un par de pantuflas de Hello Kitty.

-    -      “¿Nunca viste tanto glam junto, eh?” Me preguntó entre risas.



Se estaba sintiendo observada, y efectivamente esa era mi tarea allí: ver cómo vive una otaku, sin la más mínima intención de hacerlos parecer fauna. El problema es que no puedo disimular cuando algo me llama mucho la atención. Días atrás, yo había agregado a Rei a mi Facebook para ver ‘con qué me iba a encontrar’, y juro que nada que ver con lo que de verdad me encontré: su perfil en la red social mostraba a una joven de 23 años que dedica sus horas a estudiar, viajar y salir a cenar muy a menudo con amigos que en nada se asemejan al típico otaku (si es que hay uno).

-    -      Rei, ¿alguien más va a ir con nosotras? Digo, alguno de tus amigos… ¿O nos encontramos todos allá?

-    -      No, están todas allá ya. Cada una va sola, no nos conocíamos antes de las convenciones. ¡Ojalá mis amigas de todos los días fueran kawaii! Pero cada vez que les digo algo o les intento mostrar alguna foto de mis cosplays, se me ríen y me dicen que estoy loca. Pero tenés que saber esto: si sos otaku te va a pasar.

Por supuesto que me veía venir una respuesta de esas. El sostener dos vidas paralelas es parte de los sacrificios que estos jóvenes hacen en pos de el mantenimiento de su sana… ¿integridad?

-    -      Jajaja no, no se me confunden los papeles, pero sí a veces me pasa que tengo que filtrar todo lo que quiero compartir. Me pasa en Facebook y me pasa cuando estoy con ellas. No hay amigas de la Facu que conozcan mi pieza, y es obvio que si salgo a Rock&Feller’s no voy a ir con las kawaii. Yo trato de sacar lo mejor de cada lado, pero a veces me gustaría poder hablar libremente de todos los temas con cada una. Se supone que son mis amigas, que me quieren como soy. Aunque sepan que quien soy ahora está dividida en dos, Jaqui y Rei.

Supuse que debía ser difícil mantener esa armonía aparente, pero no comenté nada. La RA Fest nos esperaba, tal vez tan monstruosa como yo la imaginaba, tal vez no. Y hacia allá nos dirigimos. Ella de rosa y blanco, con orejas de Teddy bear en la capucha. Yo de negro y violeta, con el águila americana en mi remera. Nuestros estilos chocaban, pero tal vez nuestras mentes no estuvieran tan lejos. A eso aún faltaba descubrirlo.

-    -      Me siento re mal Rei, vos toda wow y yo parezco punkita. La pifié de estilo me parece…

-    -      Jaja, ya no le veo lo ‘wow’ yo a todas estas cosas. Te levantás y hacés lo mismo todos los días, entonces ya pasa a ser común. Muchos dicen ‘infantil, femenino, fantástico’ para hablar de este estilo, pero yo no le veo nada de aniñado a la cultura kawaii en general. Me gusta el color rosa ¿y qué? ¿Quién dijo que es de nena? ¿Hay alguien que diga qué color va con cada edad? Vos por ir de negro no sos punk, ni dark… Ni una viuda, Sil”.



domingo, 22 de julio de 2012

Mañana

Siete de la mañana. Damián desayuna en el séptimo piso de un edificio que parece caérsele encima. No durmió nada en toda la noche, los nervios previos al gran día y el llanto de su hijito que no quería parar, le jugaron una mala pasada. Hace casi diez meses que viene planificando con forzada precisión uno de los eventos de animé más grandes y conocidos del país: La RA FEST, que desde el año 2008 reúne a más de 1500 otakus, gals, kawaii gurls, cosplayers, crossplayers… Jóvenes –y no tan jóvenes- que comparten un modo de vida tan particular como una piedra de Rave.

Se lava la cara, se cepilla los dientes, campera polar para combatir el frío (con Rin Kagamine en la espalda) y parte hacia Central Córdoba. Allí lo esperan unas 20 personas, listas para empezar con la disposición de las banderas, armado de los stands y pruebas de sonido para la tarde. Un grabador RCA lo sigue a todos lados, y me da la impresión que de a rato interrumpe sus actividades.

-      -    “Nosotros venimos hace bastante en esto. Si bien el staff oficial varía cada año, unos llegan y otros vamos relegando actividades de animé por actividades de familia –traducido, nos ponemos mayocitos-, te digo que siempre los que le ponemos garra somos los mismos. Nos conocemos de toda una vida, la RA Fest es una excusa más para vernos las caras y que nos salgan canas verdes una vez al año.”

A la mente de Damián, contrario a su apreciación, pareciera que los años no le suman edad. A medida que iban llegando los expositores (11am) y desplegando toda la batería de productos sobre los stands, su mirada vagabunda se detenía en un que otro toy y, no dudaba en gritar de una punta a otra del playón frases del estilo: “EEEEEEEEHH MATUTEE, ¡¡ENCONTRASTE LAS DE YUNO!!”.

-       -   ¿Qué hay de infantil en todo esto? Mucho y poco. Mucho porque uno se vuelve loco con todas estas chucherías, es ver al personaje de tu cómic favorito cobrar vida, poder tocarlo, como sacarlo del papel y llevártelo a tu casa. Pero las historias de manga no son ‘infantiles’, el escritor de manga es como un artista que muestra el modo de ser de toda una cultura solamente en un tomo. Pero lo que es difícil de entender para quienes no están en esto, es que hay que leer entre líneas. Ahora cuando vuelvas a tu casa, probá a volver a ver una o dos series animé que veías cando eras chiquita y traelas a una situación actual, te vas a dar cuenta que se puede aplicar perfectamente. Por eso es que gusta tanto, a todas las edades.


jueves, 19 de julio de 2012

Medianoche



En un encuentro informal, dos personas desconocidas comparten risas y dolores del pasado. Con la fluidez de palabras que otorga el tener una pantalla de por medio, mi conversación con Guido C. (Kira de ahora en más)  parecía no terminar. Cada uno trajo su cena a la computadora, y cada una de sus respuestas cerraba un armonioso diálogo de sobremesa que mantuvimos hasta casi las cuatro de la mañana.

-          O sea... Yo lo que todavía no termino de entender es por qué tanta pasión. Perdón que te lo diga así, sorry si suena chocante, pero son dibujitos Kira. Dibujitos.

-          ¿Vos alguna vez viste animé?

-          Ehh.. ¿Cuentan las Sailor?

-          ¡Sí! Es importante que dejes de ver los dibujos y te pongas las pilas con el diálogo, má. Muchos de esos personajes tienen un sistema de valores más amplio que el nuestro. Ven al otro como a un compañero que la vida les puso por algo en el camino, no como a un rival. Tratan de aprender de cada situación, de cada cosa que les pasa. Pasa que vos lo ves en dibujitos y ya lo clasificás como “para menores de 13”. Close-minded chibi gurl… Ojalá esta conversación así toda loca, así toda despareja, te sirva para algo. Todos tendríamos que aprender del animé, es un mundo paralelo que refleja una versión más compuesta, más entera del nuestro.

-          Te diría que te tires un top five de animés para que yo vea, pero tengo miedo que te copes! Jaja J. However, me interesa. Más que nada, el hecho de que al estar confeccionados por japoneses, eso justifica la admiración hacia ellos no? Admirar la filosofía animé es admirar la nipona. O me equivoco?

-          Nop, para ná. Digamos que el manga es una Biblia de comportamiento… Y el animé, la película para los que no tienen ganas de leerse todo en los Testamentos. Es una religión Sil, I swear.

-          Hoy estamos metafóricos. Ah no, no hay ayer para comparar.

-          Yo creo que a vos te conozco de otra vida.

-          A mi me une a vos poco y nada. Una crónica, una tesis, un otaku?

-          ¿Un pasado?

-          El mío viene machacado. Pero contame vos primero, y te digo si encuentro las 5 diferencias.

-          Incomprendido. Solitario. Influenciable, daba todo por pertenecer, ponía todo de mí pero nunca pertenecía. ¿Se entiende?

-          Sí. ¿Y qué te rescató?

-          ¿Cómo sabés que es un ‘qué’ y no un ‘quién’?

-          Intuición femenina. Never fails*

-          Me rescató un libro. Un libro de manga. Yo estaba en la biblioteca de mi ciudad revolviendo libros como siempre, solo. Mi vieja se había ido de casa y siempre siempre me dejaba en la biblioteca (todo antes que ir de Lucre, la malvada amiga chismosa que todas nuestras madres tienen)… Cuestión, encuentro un manga muy atrapante. Tan atrapante que hasta le escribí un poema al libro.

-          Ah bueno, dame de lo que tomás (?) jajaja. Un poema al libro? Chan.

-          Sé que debajo de esa mocosa repelente se halla una verdadera intelectual –en realidad no lo sé, es intuición masculina- así que acá va:



[…]Se trataba de un chico, un dibujo animado
un personaje hermoso que con el alma fue creado
Flotando ante el delirio y murmullo de las personas
en blanco y negro vio que el volar de palomas
Tenía más sentido e incluso más pasión
que aquello que se esconde en un caparazón

Me contó que la chica que lo había inventado
le había dado hermanos y un mundo en que vivir
Un elixir de sueños lleno de valores
en una historia que nunca llegó a tener colores

Expresó también que se encontraba pensativo
la gente decía que los suyos no eran comunicativos
Que vivían hasta la muerte cosas infantiles
que no eran capaces de equipararse al cine

Le dije que no tema, que el mundo era ignorante
que la mayoría no veía lo impresionante
El anime es una expresión que pocos valoran
pero quienes lo hacemos, lo decimos con honra.




-          … ¿Era para tanto?


martes, 17 de julio de 2012



Todos somos otakus. O al menos eso deja entrever el significado de la palabra japonesa, originariamente utilizada para calificar a alguien como “fan” de algo. Así, en Japón, un fanático del fútbol es un otaku del fútbol o un ferviente seguidor de novelas televisivas es un otaku de novelas. En América Latina, y particularmente en nuestro país, el significado es otro muy distinto.

En Argentina, un otaku es un friki del manga y del animé. Es un joven que para la sociedad se ha quedado atrapado en su adolescencia o en sus días de infancia, tiene la pieza tachonada de pósters y abraza con cariño a su dakimakura mientras se pelea por chat con algún flogger. Un otaku es un ser incomprendido por la mayoría de sus pares, alguien que se ve obligado a reprimir y esconder sus gustos. Sólo otro otaku puede entender lo que un otaku siente.

Esta cultura encierra muchos micromundos, casi imposibles de clasificar o de ubicar en tiempo y espacio. Aunque sí hay un punto de referencia central, el lugar adonde todo empezó alguna vez, la cuna otaku: Japón. De la potencia mundial, nuestros fervorosos jóvenes importaron la razón de su desvelo, la pasión que los mueve. Hay algo en los orientales que les encanta, y hacen hasta lo imposible por parecerse a ellos, imitar sus costumbres y personalidad. 



martes, 20 de septiembre de 2011

Transformers.-



“El fin de la RA es que uno se involucre con el animé, y te incentiva con premios en los concursos y sorteos. Es para tu primera fase Otaku, donde necesitás reconocer a los otros y hacerte nuevos amigos, porque acá nos conocemos todos y si hay alguien nuevo lo aceptamos. Te querés comprar todo, comés comida japonesa con carita de susto y tenés miedo que te caiga mal. Está mal visto que no sepas nada de animé si venís acá, pero tampoco te vamos a comer por no hacerlo. Es un día para ser niños, porque si sos nuevo estás conociendo otro mundo diferente y, si ya venís hace rato, venís a jugar”  me contaba Martín, con el casco de cartón en la mano, mientras con la otra se secaba la transpiración de la frente.

Hablar con los transformers fue lo único que me animé a hacer, tal vez porque los vi más amables que al resto de los presentes. Se acercaban a quienes llegaban, les preguntaban si esta era su primer fiesta otaku y cuando me llegó el turno y les dije que estaba ahí para escribir una crónica, se sacaron el casco para que pudiera grabarlos mejor.

Todos se mostraron dispuestos, a todos les vi la cara… Menos a uno. Ese uno, me entero meses después,  era Kira.


lunes, 19 de septiembre de 2011

RA Fest.-


Casi una cuadra de cola. Tres transformers gigantes en la puerta se sacaban fotos con los presentes y caminaban haciendo ruido. Más cerca de la puerta, dos cosplayers repartían sonrisas y programas desde sus puestos, cada una al lado de una gigantografía de Rebuild of Evangelion.  Se escuchaba música, pero imposible entender lo que decía la letra.

Teníamos anticipadas así que evitamos la cola. Finalmente veía en vivo el fenómeno que había venido estudiando hacía más de un mes… Y creo que todos los portales, todos los blogs, todos los coreanos, todos los adjetivos se quedaron cortos para describir esa mezcla entre perfume y emociones encontradas. Ojo, no necesariamente era una mezcla fascinante: a mis prejuicios se le sumó la presión de tener que conseguir testimonios del evento, y ahí fue cuando me quebré.

Contaba con muy poco tiempo para sentarme a cuestionar sus actitudes, sus disfraces de tafeta y lamé, su idioma tan particular… Así que me dediqué a observar desde casi una omnipresencia mental, un intento de objetividad. Estaba llena de herramientas para sumergirme en ese mundo y explorarlo a fondo, pero preferí dejar intacto el ecosistema, no alterarlo. Respetando nuestras diferencias, lo cerca que estábamos y lo lejos que nos sentíamos.



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¿Qué es lo que hay acá? Preguntó una curiosa vecina. Traía dos bolsas llenas de productos del súper, y ruleros en la cabeza.
-       -   “Una fiesta. Una fiesta Otaku” respondió Rei con orgullo.
-       -   “¿Y esos quiénes son?” insistió la señora, con el entrecejo fruncido.
-       -   Fanáticos del manga y del animé, es una fiesta que viene realizándose hace…
-       -    Ah, ya sé… Una manga ‘e locos.

La señora huyó, espantada.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El reino de Rei *

Una canción de Girls Generation sonaba en sus auriculares. Rei se miraba en el espejo y su reflejo le devolvía una imagen distorsionada de su propio cuerpo. El kpop, lejos de alegrar sus días, le significaba una presión - en todo el sentido de la palabra. Cada vez que veía a sus idols en escena, sentía la necesidad de castigarse por no ser igual que ellos. En su mente chocaron el deseo de identificación con la imposibilidad de llevarlo a cabo: las Girls Generation, sólo por poner un ejemplo, hacen una dieta estrictísima de sólo 600 calorías por día y entrenan durante 6 horas. Pero son flacas. Pero son lindas.

La mañana del evento decidió no desayunar. Hacía una semana se había comprado una campera rosa clarito (el color menos sentador del universo) con orejas de Teddy bear y un pantalón blanco un talle más chico que el suyo. Se había puesto como meta llegar delgadísima al evento otaku más importante del año y nada ni nadie le iba a impedir hacerlo, salvo su propia voluntad.