lunes, 6 de agosto de 2012

¿Conclusión?

Después de este tiempo compartido entendí que para conocerlos debía acercarme a ellos y compartir sus vivencias, con la simple observación no era suficiente; tampoco me pareció justo, porque no son mariposas expuestas en un cuadro.  Desde los ojos pintados de Rei, pasando por la emoción infantil de Nancy y los nervios de Damián antes de la fiesta, las cartas brillosas de Harold, los ziperall tan particulares de Martín y Julieta… Ellos como otakus, como nosotros, son personas en búsqueda, con sus gozos y sus sombras tan características de la dualidad de nuestro ser. 
Son merecedores de respeto primero, de consideración después. Sí, aún usando una capucha con orejas de oso... O siendo un oso.





¿Qué es lo que hay acá? Preguntó una curiosa vecina. Traía dos bolsas llenas de productos del súper, y ruleros en la cabeza.
-          “Una fiesta. Una fiesta Otaku” respondió Harold con orgullo.
-          “¿Y esos quiénes son?” insistió la señora, con el entrecejo fruncido.
-          Fanáticos del manga y del animé, es una fiesta que viene realizándose hace…
-          Ah, ya sé… Una manga ‘e locos.
La señora huyó, espantada.


domingo, 5 de agosto de 2012

Tardecita

“Me pareció haber visto un lindo Pikachu..” fue lo único que se me ocurrió decirle. Con Julieta había hablado muy pocas palabras antes del evento, las suficientes como para darme cuenta que estaba hablando con una mujer de personalidad bastante particular (uno tiende a prejuzgar en estos casos). Lo que jamás imaginé es que con 30 años, tres trabajos y una comprimida agenda de horarios, Julieta se haría un espacio para confeccionar un ziperall amarillo con orejitas, ojos, cola y manchas, que lucía con orgullo frente a una multitud que festejaba su idea.

“Estuve un mes para hacer cada uno, quería que quedaran per-fec-tos, que mostraran al personaje tal cual es. ¿Ya lo viste a Martín primis? ¡Está vestido de Totoro! Me llevaron un montón... ¡Pero mirá cómo gusta!” La expresión de su cara me recordó a las tardes que ambas pasábamos mirando las Sailor Moon embobadas frente a la tele en compañía de chocolatada, masitas y silencio. Nunca fuimos confidentes, pero no hizo falta serlo para que nos una un fuerte lazo, que aún me duele que el tiempo y varias circunstancias hayan desgastado.

Melodrama aparte, Juli y Martín son dos grosos en materia de animé. Ella es dueña de Blushed Merchandising, uno de los tradicionales locales que están presentes en el evento. Es diseñadora gráfica e incluye muchas producciones propias en los goodies que vende. Su novio Martín también tiene un local auspiciante donde vende cómics, posters, figuras y dvd’s que se llama Invasión Comics. Además, es organizador de la fiesta Sugoi, otro de los hits rosarinos de la cultura Otaku. Ambos llevan más de 10 años envueltos en este mundo fantasioso, que cada vez se contamina menos con la realidad.

-      -    “El fin de la RA es que uno se involucre con el animé, y te incentiva con premios en los concursos y sorteos. Es para tu primera fase Otaku, donde necesitás reconocer a los otros y hacerte nuevos amigos, porque acá nos conocemos todos y si hay alguien nuevo lo aceptamos. Te querés comprar todo, comés comida japonesa con carita de susto y tenés miedo que te caiga mal. Está mal visto que no sepas nada de animé si venís acá, pero tampoco te vamos a comer por no hacerlo. Es un día para ser niños, porque si sos nuevo estás conociendo otro mundo diferente y, si ya venís hace rato, venís a jugar” me contaba Juli, mientras vigilaba a los clientes.

Otra vez Totoro apareció en escena. A partir de ese día me va a costar volver a decirle Martín. Totoro, Totoro vive en el bosque desde hace mucho tiempo atrás.. Totoro, Totoro.. Sólo puedes encontrarle cuando eres un niño aúúúún... Venía cantando el tema central del animé, con una pila de dvd’s entre las manos.  Preguntó a Juli si quería que la ayude, ella le dijo que se quedara conmigo y me siga respondiendo las preguntas que tenía preparadas.

-      
 -   Y… Tanto la RA como la Sugoi son fiestas, pero ésta es más abierta. O sea, vos si ya hace tiempo que te venís reuniendo con animeros  estás acostumbrado a que te vean cosplayando  y querés llevar tu cosplay a todos los ámbitos de la vida digamos. Entonces tenés la Sugoi, que es como un ‘boliche Otaku’ para que entiendas. Pasamos K-pop, K-rock, J-pop y J-rock, que son pop y rock de Corea y Japón respectivamente. También proyectamos videos de artistas famosos de esos países, nuevos teasers y trailers.. Se pone bueno. Podrías venir a la próxima, es ahora a fines de Agosto. Pero tenés que venir disfrazada eh…

-          Jaja, ni loca. No entiendo qué le ven de fantástico a los disfraces. Ni siquiera de chiquita me simpatizaron. Vos con 33 años explicame qué le ves de copado.

-       -   En primer lugar, que uno se esconde atrás del personaje. No por nada cosplay viene de costume (difraz) y play (jugar). El cosplay es un juego de rol, entonces vos dejás de ser vos mismo cuando estás cosplayando. Ese traje a vos te obliga a olvidarte de tus prejuicios, las cosas que te molestan, tus problemas… Y tenés la responsabilidad de encarnar la piel de alguien, y vivir como si fueras ese personaje. Y de golpe tuviste un día de mierda, te echaron del trabajo o te peleaste con tu novia, y a la tardecita tenés un evento. Mientras te vestís, vas repasando las líneas del personaje y te puedo asegurar que te olvidás de todo lo demás, y cuando volvés a tu casa los problemas siguen estando pero si los pudiste obviar por un rato, es que tan importantes no eran. El cosplay es una terapia, porque te hace ver eso.


¿Terapia de pareja?

miércoles, 1 de agosto de 2012

Siesta



-        -  ¡Al fin llegaron! Harold nos esperaba en la esquina de Central Córdoba con una sonrisa de oreja a oreja, acompañado por Nancy R., crossplayer ganadora de varias medallas en años anteriores.

Casi una cuadra de cola. Tres transformers gigantes en la puerta se sacaban fotos con los presentes y caminaban haciendo ruido. Más cerca de la puerta, dos cosplayers repartían sonrisas y programas desde sus puestos, cada una al lado de una gigantografía de Rebuild of Evangelion.  Se escuchaba música, pero imposible entender lo que decía la letra.

Teníamos anticipadas así que evitamos la cola. Finalmente veía en vivo el fenómeno que había venido estudiando hacía más de un mes… Y creo que todos los portales, todos los blogs, todos los coreanos, todos los adjetivos se quedaron cortos para describir esa mezcla entre perfume y emociones encontradas. Ojo, no necesariamente era una mezcla fascinante: a mis prejuicios se le sumó la presión de tener que conseguir testimonios del evento, y ahí fue cuando me quebré. Contaba con muy poco tiempo para sentarme a cuestionar sus actitudes, sus disfraces de tafeta y lamé, su idioma tan particular… Así que me dediqué a observar desde casi una omnipresencia mental, un intento de objetividad. Estaba llena de herramientas para sumergirme en ese mundo y explorarlo a fondo, pero preferí dejar intacto el ecosistema, no alterarlo. Respetando nuestras diferencias, lo cerca que estábamos y lo lejos que nos sentíamos.

-    -      La primera vez que vinimos estábamos como perdidos, porque el lugar es grande y se hacen actividades al mismo tiempo en distintos salones. Dame la cámara, yo saco las fotos. Desde la primera convención *click* que avanzaron mucho. Antes los cosplayers como aquel *click* se iban a Buenos Aires y acá ni pisaban, porque tienen trajes tan lindos que les conviene ir a eventos más grandes y cobrar por su presencia *click* como los gatos de Tinelli, jajaja. Pero Rosario empezó a invertir con el RA Fest, y hoy ves toda esta gente acá *click* que dedica meses a los trajes, manda a traer las pelucas originales de la serie desde Japón, se compra circle-lenses, reservan turno una semana antes en la peluquería… Y compiten más duro en la Copa Cosplayer. Gracias a eso *click* Rosario está segundo en importancia después de Buenos Aires como Capital Otaku. - Me contaba Harold.


Entramos a un playón gigante, que parecía un mar de colores. Antenas, cascos, cetros, capuchas y una densidad poblacional de 40 personas por metro cuadrado. Era casi imposible avanzar, pero Rei, Nancy y Harold ya estaban acostumbrados, así que empezaron a empujar gente sin la más mínima delicadeza hasta que llegamos a un stand. Había vasos, remeras, fundas para almohada, toallas, pads para el mouse y otro montón de accesorios que varias chicas miraban y exploraban con una mano, y con la otra sostenían el monedero todavía lleno. Los chicos se detenían más en otro stand que alcancé a ver estaba más adelante, vendía figuras importadas de The Avengers y de otro montón de animés que no supe identificar.

-      -    Ayyyy, vamos para allá Sil, venden varitas de Harry Potter! Siempre quise una! El año pasado me recorrí todos los locales de animé de acá y nada! No funcionará, no prende luz o hace sonido, pero la tenés en la mano y sos Hermione! Jaja, querés salir corriendo a hechizar todo! Después te la presto y le decimos a Harold que te saque una foto, querés?



Parecían criaturas... Y no lo digo en sentido despectivo. Afuera, un Gokú tiraba kame-hame-has al aire y otros dos crossplayers peleaban con espadas de cartón. En el salón de arriba, varias parejas disputaban sus ‘fuerzas’ en un torneo de cartas de Yu-Gi-Oh! “Entré en fase de batalla!” sentenció uno. “Sayonaraaaa man!” respondió burlonamente Harold, sosteniendo con firmeza su mazo de cartas brillosas.

De mi observación concentrada me sacó una ilustración en movimiento, literalmente. Un par de orejas grises se asomó detrás de una puerta, seguido de una capucha gris, un guante gris, ¡una pata gris!.. ¿Qué es eso? Un Totoro gigante. No sabía si reírme o asustarme. Don Totoro no sólo se acercó a nosotros, sino que más específicamente se acercó a mí, me abrazó y me dio un beso en cada mejilla. Esperá. Y-yo lo c-conozco…



lunes, 23 de julio de 2012

Mediodía

Sonrisa instantánea, que hace juego con un par de ojos perfectamente maquillados. Jaqui R (Rei de ahora en más) me abrió la puerta de su alma cuando me abrió la puerta de su casa.
Rei no toma mate ni mira Tinelli, no come empanadas ni disfruta del asadito del Domingo. Todas las banderas argentinas de su casa han sido ya reemplazadas por banderas de Japón (traídas desde allá, lo que les da un valor agregado), es vegetariana “por gusto, porque nadie de mi familia lo es y siempre hay peleas por eso” y debió configurar su Blackberry para que acepte caracteres unicode, porque toda la música que escucha está escrita en alfabeto oriental. También lo está la mitad de su biografía. 

 Desde los 13, ella hace de su vida un culto a la filosofía kawaii. Kawaii en japonés significa ‘lindo o tierno’ y, quienes quieran identificarse con sus máximos exponentes, también deben serlo. La imagen igual de perfecta que de plástica que Rei proyecta es resultado de horas y horas frente a un espejo que, por desgracia, cada amanecer devuelve rasgos más latinos que la cumbia. “Ser kawaii es ser igual a ellas en el comportamiento dulce e inocente, pero también en la apariencia. Te digo, es más fácil cambiar lo de adentro que lo de afuera. Yo para estar así vivo a dieta, me olvidé lo que es un pancho”. El discurso de Rei suena tan melodioso como su impuesta voz femenina y aniñada, que sólo se interrumpe cuando el celular suena: “Apurate Chibi, que en 40 empieza Black Chocolate Kiss!” me decía Harold del otro lado.

No hice caso al reloj y me dediqué a contemplar el “ambiente” de Rei. Retocó su maquillaje frente al espejo y empezó a plancharse el pelo. Mientras tanto, yo iba mirando con asombro de turista la amplísima colección de dvd’s que llenaban su biblioteca. A la derecha, un escritorio rosa Barbie. Un portalápiz casi cubierto por stickers contenía varias microfibras de color, las mismas de mi infancia. El tacho de basura era un panda con la boca abierta. Arriba de la alfombra de peluche, un par de pantuflas de Hello Kitty.

-    -      “¿Nunca viste tanto glam junto, eh?” Me preguntó entre risas.



Se estaba sintiendo observada, y efectivamente esa era mi tarea allí: ver cómo vive una otaku, sin la más mínima intención de hacerlos parecer fauna. El problema es que no puedo disimular cuando algo me llama mucho la atención. Días atrás, yo había agregado a Rei a mi Facebook para ver ‘con qué me iba a encontrar’, y juro que nada que ver con lo que de verdad me encontré: su perfil en la red social mostraba a una joven de 23 años que dedica sus horas a estudiar, viajar y salir a cenar muy a menudo con amigos que en nada se asemejan al típico otaku (si es que hay uno).

-    -      Rei, ¿alguien más va a ir con nosotras? Digo, alguno de tus amigos… ¿O nos encontramos todos allá?

-    -      No, están todas allá ya. Cada una va sola, no nos conocíamos antes de las convenciones. ¡Ojalá mis amigas de todos los días fueran kawaii! Pero cada vez que les digo algo o les intento mostrar alguna foto de mis cosplays, se me ríen y me dicen que estoy loca. Pero tenés que saber esto: si sos otaku te va a pasar.

Por supuesto que me veía venir una respuesta de esas. El sostener dos vidas paralelas es parte de los sacrificios que estos jóvenes hacen en pos de el mantenimiento de su sana… ¿integridad?

-    -      Jajaja no, no se me confunden los papeles, pero sí a veces me pasa que tengo que filtrar todo lo que quiero compartir. Me pasa en Facebook y me pasa cuando estoy con ellas. No hay amigas de la Facu que conozcan mi pieza, y es obvio que si salgo a Rock&Feller’s no voy a ir con las kawaii. Yo trato de sacar lo mejor de cada lado, pero a veces me gustaría poder hablar libremente de todos los temas con cada una. Se supone que son mis amigas, que me quieren como soy. Aunque sepan que quien soy ahora está dividida en dos, Jaqui y Rei.

Supuse que debía ser difícil mantener esa armonía aparente, pero no comenté nada. La RA Fest nos esperaba, tal vez tan monstruosa como yo la imaginaba, tal vez no. Y hacia allá nos dirigimos. Ella de rosa y blanco, con orejas de Teddy bear en la capucha. Yo de negro y violeta, con el águila americana en mi remera. Nuestros estilos chocaban, pero tal vez nuestras mentes no estuvieran tan lejos. A eso aún faltaba descubrirlo.

-    -      Me siento re mal Rei, vos toda wow y yo parezco punkita. La pifié de estilo me parece…

-    -      Jaja, ya no le veo lo ‘wow’ yo a todas estas cosas. Te levantás y hacés lo mismo todos los días, entonces ya pasa a ser común. Muchos dicen ‘infantil, femenino, fantástico’ para hablar de este estilo, pero yo no le veo nada de aniñado a la cultura kawaii en general. Me gusta el color rosa ¿y qué? ¿Quién dijo que es de nena? ¿Hay alguien que diga qué color va con cada edad? Vos por ir de negro no sos punk, ni dark… Ni una viuda, Sil”.



domingo, 22 de julio de 2012

Mañana

Siete de la mañana. Damián desayuna en el séptimo piso de un edificio que parece caérsele encima. No durmió nada en toda la noche, los nervios previos al gran día y el llanto de su hijito que no quería parar, le jugaron una mala pasada. Hace casi diez meses que viene planificando con forzada precisión uno de los eventos de animé más grandes y conocidos del país: La RA FEST, que desde el año 2008 reúne a más de 1500 otakus, gals, kawaii gurls, cosplayers, crossplayers… Jóvenes –y no tan jóvenes- que comparten un modo de vida tan particular como una piedra de Rave.

Se lava la cara, se cepilla los dientes, campera polar para combatir el frío (con Rin Kagamine en la espalda) y parte hacia Central Córdoba. Allí lo esperan unas 20 personas, listas para empezar con la disposición de las banderas, armado de los stands y pruebas de sonido para la tarde. Un grabador RCA lo sigue a todos lados, y me da la impresión que de a rato interrumpe sus actividades.

-      -    “Nosotros venimos hace bastante en esto. Si bien el staff oficial varía cada año, unos llegan y otros vamos relegando actividades de animé por actividades de familia –traducido, nos ponemos mayocitos-, te digo que siempre los que le ponemos garra somos los mismos. Nos conocemos de toda una vida, la RA Fest es una excusa más para vernos las caras y que nos salgan canas verdes una vez al año.”

A la mente de Damián, contrario a su apreciación, pareciera que los años no le suman edad. A medida que iban llegando los expositores (11am) y desplegando toda la batería de productos sobre los stands, su mirada vagabunda se detenía en un que otro toy y, no dudaba en gritar de una punta a otra del playón frases del estilo: “EEEEEEEEHH MATUTEE, ¡¡ENCONTRASTE LAS DE YUNO!!”.

-       -   ¿Qué hay de infantil en todo esto? Mucho y poco. Mucho porque uno se vuelve loco con todas estas chucherías, es ver al personaje de tu cómic favorito cobrar vida, poder tocarlo, como sacarlo del papel y llevártelo a tu casa. Pero las historias de manga no son ‘infantiles’, el escritor de manga es como un artista que muestra el modo de ser de toda una cultura solamente en un tomo. Pero lo que es difícil de entender para quienes no están en esto, es que hay que leer entre líneas. Ahora cuando vuelvas a tu casa, probá a volver a ver una o dos series animé que veías cando eras chiquita y traelas a una situación actual, te vas a dar cuenta que se puede aplicar perfectamente. Por eso es que gusta tanto, a todas las edades.


jueves, 19 de julio de 2012

Medianoche



En un encuentro informal, dos personas desconocidas comparten risas y dolores del pasado. Con la fluidez de palabras que otorga el tener una pantalla de por medio, mi conversación con Guido C. (Kira de ahora en más)  parecía no terminar. Cada uno trajo su cena a la computadora, y cada una de sus respuestas cerraba un armonioso diálogo de sobremesa que mantuvimos hasta casi las cuatro de la mañana.

-          O sea... Yo lo que todavía no termino de entender es por qué tanta pasión. Perdón que te lo diga así, sorry si suena chocante, pero son dibujitos Kira. Dibujitos.

-          ¿Vos alguna vez viste animé?

-          Ehh.. ¿Cuentan las Sailor?

-          ¡Sí! Es importante que dejes de ver los dibujos y te pongas las pilas con el diálogo, má. Muchos de esos personajes tienen un sistema de valores más amplio que el nuestro. Ven al otro como a un compañero que la vida les puso por algo en el camino, no como a un rival. Tratan de aprender de cada situación, de cada cosa que les pasa. Pasa que vos lo ves en dibujitos y ya lo clasificás como “para menores de 13”. Close-minded chibi gurl… Ojalá esta conversación así toda loca, así toda despareja, te sirva para algo. Todos tendríamos que aprender del animé, es un mundo paralelo que refleja una versión más compuesta, más entera del nuestro.

-          Te diría que te tires un top five de animés para que yo vea, pero tengo miedo que te copes! Jaja J. However, me interesa. Más que nada, el hecho de que al estar confeccionados por japoneses, eso justifica la admiración hacia ellos no? Admirar la filosofía animé es admirar la nipona. O me equivoco?

-          Nop, para ná. Digamos que el manga es una Biblia de comportamiento… Y el animé, la película para los que no tienen ganas de leerse todo en los Testamentos. Es una religión Sil, I swear.

-          Hoy estamos metafóricos. Ah no, no hay ayer para comparar.

-          Yo creo que a vos te conozco de otra vida.

-          A mi me une a vos poco y nada. Una crónica, una tesis, un otaku?

-          ¿Un pasado?

-          El mío viene machacado. Pero contame vos primero, y te digo si encuentro las 5 diferencias.

-          Incomprendido. Solitario. Influenciable, daba todo por pertenecer, ponía todo de mí pero nunca pertenecía. ¿Se entiende?

-          Sí. ¿Y qué te rescató?

-          ¿Cómo sabés que es un ‘qué’ y no un ‘quién’?

-          Intuición femenina. Never fails*

-          Me rescató un libro. Un libro de manga. Yo estaba en la biblioteca de mi ciudad revolviendo libros como siempre, solo. Mi vieja se había ido de casa y siempre siempre me dejaba en la biblioteca (todo antes que ir de Lucre, la malvada amiga chismosa que todas nuestras madres tienen)… Cuestión, encuentro un manga muy atrapante. Tan atrapante que hasta le escribí un poema al libro.

-          Ah bueno, dame de lo que tomás (?) jajaja. Un poema al libro? Chan.

-          Sé que debajo de esa mocosa repelente se halla una verdadera intelectual –en realidad no lo sé, es intuición masculina- así que acá va:



[…]Se trataba de un chico, un dibujo animado
un personaje hermoso que con el alma fue creado
Flotando ante el delirio y murmullo de las personas
en blanco y negro vio que el volar de palomas
Tenía más sentido e incluso más pasión
que aquello que se esconde en un caparazón

Me contó que la chica que lo había inventado
le había dado hermanos y un mundo en que vivir
Un elixir de sueños lleno de valores
en una historia que nunca llegó a tener colores

Expresó también que se encontraba pensativo
la gente decía que los suyos no eran comunicativos
Que vivían hasta la muerte cosas infantiles
que no eran capaces de equipararse al cine

Le dije que no tema, que el mundo era ignorante
que la mayoría no veía lo impresionante
El anime es una expresión que pocos valoran
pero quienes lo hacemos, lo decimos con honra.




-          … ¿Era para tanto?


martes, 17 de julio de 2012



Todos somos otakus. O al menos eso deja entrever el significado de la palabra japonesa, originariamente utilizada para calificar a alguien como “fan” de algo. Así, en Japón, un fanático del fútbol es un otaku del fútbol o un ferviente seguidor de novelas televisivas es un otaku de novelas. En América Latina, y particularmente en nuestro país, el significado es otro muy distinto.

En Argentina, un otaku es un friki del manga y del animé. Es un joven que para la sociedad se ha quedado atrapado en su adolescencia o en sus días de infancia, tiene la pieza tachonada de pósters y abraza con cariño a su dakimakura mientras se pelea por chat con algún flogger. Un otaku es un ser incomprendido por la mayoría de sus pares, alguien que se ve obligado a reprimir y esconder sus gustos. Sólo otro otaku puede entender lo que un otaku siente.

Esta cultura encierra muchos micromundos, casi imposibles de clasificar o de ubicar en tiempo y espacio. Aunque sí hay un punto de referencia central, el lugar adonde todo empezó alguna vez, la cuna otaku: Japón. De la potencia mundial, nuestros fervorosos jóvenes importaron la razón de su desvelo, la pasión que los mueve. Hay algo en los orientales que les encanta, y hacen hasta lo imposible por parecerse a ellos, imitar sus costumbres y personalidad.