miércoles, 1 de agosto de 2012

Siesta



-        -  ¡Al fin llegaron! Harold nos esperaba en la esquina de Central Córdoba con una sonrisa de oreja a oreja, acompañado por Nancy R., crossplayer ganadora de varias medallas en años anteriores.

Casi una cuadra de cola. Tres transformers gigantes en la puerta se sacaban fotos con los presentes y caminaban haciendo ruido. Más cerca de la puerta, dos cosplayers repartían sonrisas y programas desde sus puestos, cada una al lado de una gigantografía de Rebuild of Evangelion.  Se escuchaba música, pero imposible entender lo que decía la letra.

Teníamos anticipadas así que evitamos la cola. Finalmente veía en vivo el fenómeno que había venido estudiando hacía más de un mes… Y creo que todos los portales, todos los blogs, todos los coreanos, todos los adjetivos se quedaron cortos para describir esa mezcla entre perfume y emociones encontradas. Ojo, no necesariamente era una mezcla fascinante: a mis prejuicios se le sumó la presión de tener que conseguir testimonios del evento, y ahí fue cuando me quebré. Contaba con muy poco tiempo para sentarme a cuestionar sus actitudes, sus disfraces de tafeta y lamé, su idioma tan particular… Así que me dediqué a observar desde casi una omnipresencia mental, un intento de objetividad. Estaba llena de herramientas para sumergirme en ese mundo y explorarlo a fondo, pero preferí dejar intacto el ecosistema, no alterarlo. Respetando nuestras diferencias, lo cerca que estábamos y lo lejos que nos sentíamos.

-    -      La primera vez que vinimos estábamos como perdidos, porque el lugar es grande y se hacen actividades al mismo tiempo en distintos salones. Dame la cámara, yo saco las fotos. Desde la primera convención *click* que avanzaron mucho. Antes los cosplayers como aquel *click* se iban a Buenos Aires y acá ni pisaban, porque tienen trajes tan lindos que les conviene ir a eventos más grandes y cobrar por su presencia *click* como los gatos de Tinelli, jajaja. Pero Rosario empezó a invertir con el RA Fest, y hoy ves toda esta gente acá *click* que dedica meses a los trajes, manda a traer las pelucas originales de la serie desde Japón, se compra circle-lenses, reservan turno una semana antes en la peluquería… Y compiten más duro en la Copa Cosplayer. Gracias a eso *click* Rosario está segundo en importancia después de Buenos Aires como Capital Otaku. - Me contaba Harold.


Entramos a un playón gigante, que parecía un mar de colores. Antenas, cascos, cetros, capuchas y una densidad poblacional de 40 personas por metro cuadrado. Era casi imposible avanzar, pero Rei, Nancy y Harold ya estaban acostumbrados, así que empezaron a empujar gente sin la más mínima delicadeza hasta que llegamos a un stand. Había vasos, remeras, fundas para almohada, toallas, pads para el mouse y otro montón de accesorios que varias chicas miraban y exploraban con una mano, y con la otra sostenían el monedero todavía lleno. Los chicos se detenían más en otro stand que alcancé a ver estaba más adelante, vendía figuras importadas de The Avengers y de otro montón de animés que no supe identificar.

-      -    Ayyyy, vamos para allá Sil, venden varitas de Harry Potter! Siempre quise una! El año pasado me recorrí todos los locales de animé de acá y nada! No funcionará, no prende luz o hace sonido, pero la tenés en la mano y sos Hermione! Jaja, querés salir corriendo a hechizar todo! Después te la presto y le decimos a Harold que te saque una foto, querés?



Parecían criaturas... Y no lo digo en sentido despectivo. Afuera, un Gokú tiraba kame-hame-has al aire y otros dos crossplayers peleaban con espadas de cartón. En el salón de arriba, varias parejas disputaban sus ‘fuerzas’ en un torneo de cartas de Yu-Gi-Oh! “Entré en fase de batalla!” sentenció uno. “Sayonaraaaa man!” respondió burlonamente Harold, sosteniendo con firmeza su mazo de cartas brillosas.

De mi observación concentrada me sacó una ilustración en movimiento, literalmente. Un par de orejas grises se asomó detrás de una puerta, seguido de una capucha gris, un guante gris, ¡una pata gris!.. ¿Qué es eso? Un Totoro gigante. No sabía si reírme o asustarme. Don Totoro no sólo se acercó a nosotros, sino que más específicamente se acercó a mí, me abrazó y me dio un beso en cada mejilla. Esperá. Y-yo lo c-conozco…