martes, 20 de septiembre de 2011

Transformers.-



“El fin de la RA es que uno se involucre con el animé, y te incentiva con premios en los concursos y sorteos. Es para tu primera fase Otaku, donde necesitás reconocer a los otros y hacerte nuevos amigos, porque acá nos conocemos todos y si hay alguien nuevo lo aceptamos. Te querés comprar todo, comés comida japonesa con carita de susto y tenés miedo que te caiga mal. Está mal visto que no sepas nada de animé si venís acá, pero tampoco te vamos a comer por no hacerlo. Es un día para ser niños, porque si sos nuevo estás conociendo otro mundo diferente y, si ya venís hace rato, venís a jugar”  me contaba Martín, con el casco de cartón en la mano, mientras con la otra se secaba la transpiración de la frente.

Hablar con los transformers fue lo único que me animé a hacer, tal vez porque los vi más amables que al resto de los presentes. Se acercaban a quienes llegaban, les preguntaban si esta era su primer fiesta otaku y cuando me llegó el turno y les dije que estaba ahí para escribir una crónica, se sacaron el casco para que pudiera grabarlos mejor.

Todos se mostraron dispuestos, a todos les vi la cara… Menos a uno. Ese uno, me entero meses después,  era Kira.


lunes, 19 de septiembre de 2011

RA Fest.-


Casi una cuadra de cola. Tres transformers gigantes en la puerta se sacaban fotos con los presentes y caminaban haciendo ruido. Más cerca de la puerta, dos cosplayers repartían sonrisas y programas desde sus puestos, cada una al lado de una gigantografía de Rebuild of Evangelion.  Se escuchaba música, pero imposible entender lo que decía la letra.

Teníamos anticipadas así que evitamos la cola. Finalmente veía en vivo el fenómeno que había venido estudiando hacía más de un mes… Y creo que todos los portales, todos los blogs, todos los coreanos, todos los adjetivos se quedaron cortos para describir esa mezcla entre perfume y emociones encontradas. Ojo, no necesariamente era una mezcla fascinante: a mis prejuicios se le sumó la presión de tener que conseguir testimonios del evento, y ahí fue cuando me quebré.

Contaba con muy poco tiempo para sentarme a cuestionar sus actitudes, sus disfraces de tafeta y lamé, su idioma tan particular… Así que me dediqué a observar desde casi una omnipresencia mental, un intento de objetividad. Estaba llena de herramientas para sumergirme en ese mundo y explorarlo a fondo, pero preferí dejar intacto el ecosistema, no alterarlo. Respetando nuestras diferencias, lo cerca que estábamos y lo lejos que nos sentíamos.



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¿Qué es lo que hay acá? Preguntó una curiosa vecina. Traía dos bolsas llenas de productos del súper, y ruleros en la cabeza.
-       -   “Una fiesta. Una fiesta Otaku” respondió Rei con orgullo.
-       -   “¿Y esos quiénes son?” insistió la señora, con el entrecejo fruncido.
-       -   Fanáticos del manga y del animé, es una fiesta que viene realizándose hace…
-       -    Ah, ya sé… Una manga ‘e locos.

La señora huyó, espantada.

sábado, 17 de septiembre de 2011

El reino de Rei *

Una canción de Girls Generation sonaba en sus auriculares. Rei se miraba en el espejo y su reflejo le devolvía una imagen distorsionada de su propio cuerpo. El kpop, lejos de alegrar sus días, le significaba una presión - en todo el sentido de la palabra. Cada vez que veía a sus idols en escena, sentía la necesidad de castigarse por no ser igual que ellos. En su mente chocaron el deseo de identificación con la imposibilidad de llevarlo a cabo: las Girls Generation, sólo por poner un ejemplo, hacen una dieta estrictísima de sólo 600 calorías por día y entrenan durante 6 horas. Pero son flacas. Pero son lindas.

La mañana del evento decidió no desayunar. Hacía una semana se había comprado una campera rosa clarito (el color menos sentador del universo) con orejas de Teddy bear y un pantalón blanco un talle más chico que el suyo. Se había puesto como meta llegar delgadísima al evento otaku más importante del año y nada ni nadie le iba a impedir hacerlo, salvo su propia voluntad.

viernes, 16 de septiembre de 2011

El reino de Rei

Rei no toma mate ni mira Tinelli, no come empanadas ni disfruta del asadito del Domingo. Todas las banderas argentinas de su casa han sido ya reemplazadas por banderas de Japón (traídas desde allá, lo que les da un valor agregado), es vegetariana “por gusto, porque nadie de mi familia lo es y siempre hay peleas por eso” y debió configurar su Blackberry para que acepte caracteres unicode, porque toda la música que escucha está escrita en alfabeto oriental. También lo está la mitad de su biografía. 

Desde los 13, ella hace de su vida un culto a la filosofía kawaii. Kawaii en japonés significa ‘lindo o tierno’ y, quienes quieran identificarse con sus máximos exponentes, también deben serlo. La imagen igual de perfecta que de plástica que Rei proyecta es resultado de horas y horas frente a un espejo que, por desgracia, cada amanecer devuelve rasgos más latinos que la cumbia. “Ser kawaii es ser igual a ellas en el comportamiento dulce e inocente, pero también en la apariencia. Te digo, es más fácil cambiar lo de adentro que lo de afuera. Yo para estar así vivo a dieta, me olvidé lo que es un pancho”.

La verdad es que ella no necesitaba bajar más de peso. Sus familiares venían preocupados hace un tiempo por su obsesión de contar calorías, medir cantidades, ir todas las mañanas a la farmacia a pesarse y volver con la sonrisa borrada



jueves, 15 de septiembre de 2011

La filosofía debajo de la capucha.-

En Argentina, un otaku es un friki del manga y del animé. Es un joven que para la sociedad se ha quedado atrapado en su adolescencia o en sus días de infancia, tiene la pieza tachonada de pósters y abraza con cariño a su dakimakura mientras se pelea por chat con algún flogger. Un otaku es un ser incomprendido por la mayoría de sus pares, alguien que se ve obligado a reprimir y esconder sus gustos. Sólo otro otaku puede entender lo que un otaku siente.

Crónica final de por medio, intento sumergirme en su mundo. Sin saber nada de animé ni de manga, ni de japonés ni de j-pop, ni de sus usos/costumbres. La vida y un amigo me pusieron un Martes a la noche frente a Guido C. (Kira de ahora en más), mi contacto otaku. Así lo reconocía en Facebook, así lo llamábamos con mis amigas. Aunque nunca antes había hablado con él, su perfil hablaba por sí sólo: frases en japonés, “con mi sister Rei, la reina kawaii” en un pie de foto, “RA FEST 2012” en eventos. Sí, éste era uno de los que yo buscaba.

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En un encuentro informal, dos personas desconocidas comparten risas y dolores del pasado. Con la fluidez de palabras que otorga el tener una pantalla de por medio, mi conversación con Kira parecía no terminar. Cada uno trajo su cena a la computadora, y cada una de sus respuestas cerraba un armonioso diálogo de sobremesa que mantuvimos hasta casi las cuatro de la mañana.


-          O sea... Yo lo que todavía no termino de entender es por qué tanta pasión. Perdón que te lo diga así, sorry si suena chocante, pero son dibujitos Kira. Dibujitos.

-          ¿Vos alguna vez viste animé?

-          Ehh.. ¿Cuentan las Sailor?

-          ¡Sí! Es importante que dejes de ver los dibujos y te pongas las pilas con el diálogo, má. Muchos de esos personajes tienen un sistema de valores más amplio que el nuestro. Ven al otro como a un compañero que la vida les puso por algo en el camino, no como a un rival. Tratan de aprender de cada situación, de cada cosa que les pasa. Pasa que vos lo ves en dibujitos y ya lo clasificás como “para menores de 13”. Pequeña niña de mente cerrada… Ojalá esta conversación así toda loca, así toda despareja, te sirva para algo. Todos tendríamos que aprender del animé, es un mundo paralelo que refleja una versión más compuesta, más entera del nuestro.

-          Te diría que te tires un top five de animés para que yo vea, pero tengo miedo que te copes! Jaja J. However, me interesa. Más que nada, el hecho de que al estar confeccionados por japoneses, eso justifica la admiración hacia ellos no? Admirar la filosofía animé es admirar la nipona. O me equivoco?

-          Nop, para ná. Digamos que el manga es una Biblia de comportamiento… Y el animé, la película para los que no tienen ganas de leerse todo en los Testamentos. Es una religión Sil, I swear.

-          Hoy estamos metafóricos. Ah no, no hay ayer para comparar.

-          Yo creo que a vos te conozco de otra vida.

-          A mi me une a vos poco y nada. Una crónica, una tesis, un otaku?

-          ¿Un pasado?

-          El mío viene machacado. Pero contame vos primero, y te digo si encuentro las 5 diferencias.

-          Incomprendido. Solitario. Influenciable, daba todo por pertenecer, ponía todo de mí pero nunca pertenecía. ¿Se entiende?

-          Sí. ¿Y qué te rescató?

-          ¿Cómo sabés que es un ‘qué’ y no un ‘quién’?

-          Intuición femenina. Never fails*

-          Me rescató un libro. Un libro de manga. Yo estaba en la biblioteca de mi ciudad revolviendo libros como siempre, solo. Mi vieja se había ido de casa y siempre siempre me dejaba en la biblioteca (todo antes que ir de Lucre, la malvada amiga chismosa que todas nuestras madres tienen)… Cuestión, encuentro un manga muy atrapante. Tan atrapante que hasta le escribí un poema al libro.

-          Ah bueno, dame de lo que tomás (?) jajaja. Un poema al libro? Chan.

-          Sé que debajo de esa mocosa repelente se halla una verdadera intelectual –en realidad no lo sé, es intuición masculina- así que acá va:



[…]Se trataba de un chico, un dibujo animado
un personaje hermoso que con el alma fue creado
Flotando ante el delirio y murmullo de las personas
en blanco y negro vio que el volar de palomas
Tenía más sentido e incluso más pasión
que aquello que se esconde en un caparazón

Me contó que la chica que lo había inventado
le había dado hermanos y un mundo en que vivir
Un elixir de sueños lleno de valores
en una historia que nunca llegó a tener colores

Expresó también que se encontraba pensativo
la gente decía que los suyos no eran comunicativos
Que vivían hasta la muerte cosas infantiles
que no eran capaces de equipararse al cine

Le dije que no tema, que el mundo era ignorante
que la mayoría no veía lo impresionante
El anime es una expresión que pocos valoran
pero quienes lo hacemos, lo decimos con honra.

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Y así entendí que para conocerlos debía acercarme a ellos y compartir sus vivencias, con la simple observación no era suficiente; tampoco me pareció justo, porque no son mariposas expuestas en un cuadro. Ellos como otakus, como nosotros, son personas en búsqueda, con sus gozos y sus sombras tan características de la dualidad de nuestro ser. 
Son merecedores de respeto primero, de consideración después. Sí, aún usando una capucha con orejas de oso.