jueves, 15 de septiembre de 2011

La filosofía debajo de la capucha.-

En Argentina, un otaku es un friki del manga y del animé. Es un joven que para la sociedad se ha quedado atrapado en su adolescencia o en sus días de infancia, tiene la pieza tachonada de pósters y abraza con cariño a su dakimakura mientras se pelea por chat con algún flogger. Un otaku es un ser incomprendido por la mayoría de sus pares, alguien que se ve obligado a reprimir y esconder sus gustos. Sólo otro otaku puede entender lo que un otaku siente.

Crónica final de por medio, intento sumergirme en su mundo. Sin saber nada de animé ni de manga, ni de japonés ni de j-pop, ni de sus usos/costumbres. La vida y un amigo me pusieron un Martes a la noche frente a Guido C. (Kira de ahora en más), mi contacto otaku. Así lo reconocía en Facebook, así lo llamábamos con mis amigas. Aunque nunca antes había hablado con él, su perfil hablaba por sí sólo: frases en japonés, “con mi sister Rei, la reina kawaii” en un pie de foto, “RA FEST 2012” en eventos. Sí, éste era uno de los que yo buscaba.

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En un encuentro informal, dos personas desconocidas comparten risas y dolores del pasado. Con la fluidez de palabras que otorga el tener una pantalla de por medio, mi conversación con Kira parecía no terminar. Cada uno trajo su cena a la computadora, y cada una de sus respuestas cerraba un armonioso diálogo de sobremesa que mantuvimos hasta casi las cuatro de la mañana.


-          O sea... Yo lo que todavía no termino de entender es por qué tanta pasión. Perdón que te lo diga así, sorry si suena chocante, pero son dibujitos Kira. Dibujitos.

-          ¿Vos alguna vez viste animé?

-          Ehh.. ¿Cuentan las Sailor?

-          ¡Sí! Es importante que dejes de ver los dibujos y te pongas las pilas con el diálogo, má. Muchos de esos personajes tienen un sistema de valores más amplio que el nuestro. Ven al otro como a un compañero que la vida les puso por algo en el camino, no como a un rival. Tratan de aprender de cada situación, de cada cosa que les pasa. Pasa que vos lo ves en dibujitos y ya lo clasificás como “para menores de 13”. Pequeña niña de mente cerrada… Ojalá esta conversación así toda loca, así toda despareja, te sirva para algo. Todos tendríamos que aprender del animé, es un mundo paralelo que refleja una versión más compuesta, más entera del nuestro.

-          Te diría que te tires un top five de animés para que yo vea, pero tengo miedo que te copes! Jaja J. However, me interesa. Más que nada, el hecho de que al estar confeccionados por japoneses, eso justifica la admiración hacia ellos no? Admirar la filosofía animé es admirar la nipona. O me equivoco?

-          Nop, para ná. Digamos que el manga es una Biblia de comportamiento… Y el animé, la película para los que no tienen ganas de leerse todo en los Testamentos. Es una religión Sil, I swear.

-          Hoy estamos metafóricos. Ah no, no hay ayer para comparar.

-          Yo creo que a vos te conozco de otra vida.

-          A mi me une a vos poco y nada. Una crónica, una tesis, un otaku?

-          ¿Un pasado?

-          El mío viene machacado. Pero contame vos primero, y te digo si encuentro las 5 diferencias.

-          Incomprendido. Solitario. Influenciable, daba todo por pertenecer, ponía todo de mí pero nunca pertenecía. ¿Se entiende?

-          Sí. ¿Y qué te rescató?

-          ¿Cómo sabés que es un ‘qué’ y no un ‘quién’?

-          Intuición femenina. Never fails*

-          Me rescató un libro. Un libro de manga. Yo estaba en la biblioteca de mi ciudad revolviendo libros como siempre, solo. Mi vieja se había ido de casa y siempre siempre me dejaba en la biblioteca (todo antes que ir de Lucre, la malvada amiga chismosa que todas nuestras madres tienen)… Cuestión, encuentro un manga muy atrapante. Tan atrapante que hasta le escribí un poema al libro.

-          Ah bueno, dame de lo que tomás (?) jajaja. Un poema al libro? Chan.

-          Sé que debajo de esa mocosa repelente se halla una verdadera intelectual –en realidad no lo sé, es intuición masculina- así que acá va:



[…]Se trataba de un chico, un dibujo animado
un personaje hermoso que con el alma fue creado
Flotando ante el delirio y murmullo de las personas
en blanco y negro vio que el volar de palomas
Tenía más sentido e incluso más pasión
que aquello que se esconde en un caparazón

Me contó que la chica que lo había inventado
le había dado hermanos y un mundo en que vivir
Un elixir de sueños lleno de valores
en una historia que nunca llegó a tener colores

Expresó también que se encontraba pensativo
la gente decía que los suyos no eran comunicativos
Que vivían hasta la muerte cosas infantiles
que no eran capaces de equipararse al cine

Le dije que no tema, que el mundo era ignorante
que la mayoría no veía lo impresionante
El anime es una expresión que pocos valoran
pero quienes lo hacemos, lo decimos con honra.

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Y así entendí que para conocerlos debía acercarme a ellos y compartir sus vivencias, con la simple observación no era suficiente; tampoco me pareció justo, porque no son mariposas expuestas en un cuadro. Ellos como otakus, como nosotros, son personas en búsqueda, con sus gozos y sus sombras tan características de la dualidad de nuestro ser. 
Son merecedores de respeto primero, de consideración después. Sí, aún usando una capucha con orejas de oso.