Una canción de Girls Generation sonaba en sus auriculares.
Rei se miraba en el espejo y su reflejo le devolvía una imagen distorsionada de
su propio cuerpo. El kpop, lejos de alegrar sus días, le significaba una
presión - en todo el sentido de la palabra. Cada vez que veía a sus idols en escena, sentía la necesidad de
castigarse por no ser igual que ellos. En su mente chocaron el deseo de
identificación con la imposibilidad de llevarlo a cabo: las Girls Generation, sólo
por poner un ejemplo, hacen una dieta estrictísima de sólo 600 calorías por día
y entrenan durante 6 horas. Pero son flacas. Pero son lindas.
La mañana del evento decidió no desayunar. Hacía una semana
se había comprado una campera rosa clarito (el color menos sentador del
universo) con orejas de Teddy bear y
un pantalón blanco un talle más chico que el suyo. Se había puesto como meta
llegar delgadísima al evento otaku más importante del año y nada ni nadie le
iba a impedir hacerlo, salvo su propia voluntad.