Casi una cuadra de cola. Tres transformers gigantes en la puerta se sacaban fotos
con los presentes y caminaban haciendo ruido. Más cerca de la puerta, dos
cosplayers repartían sonrisas y programas desde sus puestos, cada una al lado
de una gigantografía de Rebuild of Evangelion. Se escuchaba música, pero imposible entender
lo que decía la letra.
Teníamos anticipadas así que evitamos la cola. Finalmente
veía en vivo el fenómeno que había venido estudiando hacía más de un mes… Y
creo que todos los portales, todos los blogs, todos los coreanos, todos los
adjetivos se quedaron cortos para describir esa mezcla entre perfume y
emociones encontradas. Ojo, no necesariamente era una mezcla fascinante: a mis
prejuicios se le sumó la presión de tener que conseguir testimonios del evento,
y ahí fue cuando me quebré.
Contaba con muy poco tiempo para sentarme a cuestionar sus
actitudes, sus disfraces de tafeta y lamé, su idioma tan particular… Así que me
dediqué a observar desde casi una omnipresencia mental, un intento de
objetividad. Estaba llena de herramientas para sumergirme en ese mundo y
explorarlo a fondo, pero preferí dejar intacto el ecosistema, no alterarlo.
Respetando nuestras diferencias, lo cerca que estábamos y lo lejos que nos
sentíamos.
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¿Qué es lo que hay acá? Preguntó una curiosa vecina. Traía
dos bolsas llenas de productos del súper, y ruleros en la cabeza.
- - “Una
fiesta. Una fiesta Otaku” respondió Rei con orgullo.
- - “¿Y esos
quiénes son?” insistió la señora, con el entrecejo fruncido.
- - Fanáticos del manga y del animé, es una fiesta
que viene realizándose hace…
- - Ah, ya sé… Una manga ‘e locos.
La señora huyó, espantada.

