“El fin de la RA es
que uno se involucre con el animé, y te incentiva con premios en los concursos
y sorteos. Es para tu primera fase Otaku, donde necesitás reconocer a los otros
y hacerte nuevos amigos, porque acá nos conocemos todos y si hay alguien nuevo
lo aceptamos. Te querés comprar todo, comés comida japonesa con carita de susto
y tenés miedo que te caiga mal. Está mal visto que no sepas nada de animé si
venís acá, pero tampoco te vamos a comer por no hacerlo. Es un día para ser
niños, porque si sos nuevo estás conociendo otro mundo diferente y, si ya venís
hace rato, venís a jugar” me contaba
Martín, con el casco de cartón en la mano, mientras con la otra se secaba la
transpiración de la frente.
Hablar con los transformers fue lo único que me animé a
hacer, tal vez porque los vi más amables que al resto de los presentes. Se
acercaban a quienes llegaban, les preguntaban si esta era su primer fiesta
otaku y cuando me llegó el turno y les dije que estaba ahí para escribir una
crónica, se sacaron el casco para que pudiera grabarlos mejor.
Todos se mostraron dispuestos, a todos les vi la cara… Menos
a uno. Ese uno, me entero meses
después, era Kira.




